La educación es un fenómeno social cuya historia se remonta a los grupos humanos más primitivos.
dice que educación es la acción ejercida sobre los niños por sus padres
y los adultos en todos los períodos y momentos de la vida, mientras que
la
pedagogía no consiste en acciones, sino en teorías. Estas
teorías son formas de concebir la educación, no modos de practicarla.
Así pues, la educación es la materia de la Pedagogía y ésta, una manera
de reflexionar sobre aquella.
Sin embargo, no todos
están de acuerdo con esta definición y en la práctica observamos que
las reflexiones sobre los problemas educativos tratan de enmarcarse en
diferentes conceptos: pedagogía, ciencias de la educación, ciencias
pedagógicas y pedagogía científica, entre otras.
Al
cuestionarnos sobre la diversidad de términos y revisar la literatura
especializada, observamos que en ella intervienen factores muy diversos
de tipo histórico, político, social, cultural y hasta de preferencias
personales, lo que no ayuda a aclarar el asunto. El Doctor Moreno de
los Arcos rastrea el uso del vocablo
Pedagogía desde la
antigüedad clásica, hace constar que decrece su aplicación en la Edad
Media y es retomado en el siglo XVI en Europa Occidental
[3].
Como es de mi interés justificar el uso del concepto pedagogía en lugar
de otros, haré un repaso sucinto de los diversos puntos de vista y
finalmente tomaré mi propia posición.
El primer
enfrentamiento que puede observarse históricamente es nacional: los
alemanes sientan las bases filosóficas y establecen la relación entre
esta disciplina y la ciencia de la educación llamada
Pedagogía, Emmanuel Kant publicó a fines del siglo XVIII su libro pionero
Über Pädagogik
con lo que de hecho estaba fundando una ciencia, lo que fue prontamente
comprendido por otros escritores y sabios de lengua alemana quienes
siguieron sus principios en el desarrollo de sus propias
investigaciones; tal fue el caso de Giovanni Enrico Pestalozzi, suizo
de lengua alemana; Frederich Fröebel, alemán de Turingia formado en la
Universidad de Jena y su contemporáneo Johan Friederich Herbart nacido
en Oldemburgo, alumno de Fichte y Schiller también en Jena. Todos ellos
escribieron y hablaron de
Pedagogía, consolidando una tradición intelectual que tardó muchos años en extenderse a otros continentes
[4].
Por
el otro lado estaban los franceses, rivales tradicionales de los
alemanes desde que el Sacro Imperio Romano Germánico fue dividido entre
Carlos el Calvo y Luis el Germánico en el tratado de Verdún de 843 d.C.
Por tanto, durante gran parte del siglo XIX, la ciencia francesa debió
aceptar la terminología y las propuestas metodológicas alemanas, en
vista de que ellos no tenían nada equivalente pero, en 1879 Alexander
Bain publicó en París un libro pionero titulado La science de L´education,
fundamentado filosóficamente en los principios positivistas de Augusto
Comte, en lo que parecería un embate nacionalista galo a la ciencia
alemana.
El siguiente libro con esta terminología y
principios filosóficos fue publicado hasta 1925 bajo un título idéntico
por el escritor J. Demoor-T Jankeere. Es evidente que la tradición
iniciada por los alemanes era tan fuerte y tenía a su favor a
personalidades europeas de tal nivel que no resultaba fácil retarla. La
escuela alemana de Pedagogía era aún predominante pero ya no
monolítica, y existían comunidades nacionales dispuestas a dar la
batalla por la hegemonía científica en consonancia con la fuerza de sus
naciones y la consolidación de sus sistemas universitarios.
No está por demás recordar aquí la obra de Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas,
donde dice que el desarrollo acumulativo del conocimiento científico
genera rupturas y transformaciones constantes en las comunidades
científicas.
Esta teoría es complementada con la obra de Robert K. Merton
[5]
, quien dice que las comunidades científicas son colectividades que
elaboran sus propias normas y cursos de acción, también desarrollan un
“ethos” constituido por afectos, valores y normas comunes. Pierre
Bordieu elaboró el concepto de “campo de producción simbólica”
[6]
del que dice está constituido por un conjunto de agentes e instancias
con mecanismos que regulan la aceptación, competencia o eliminación de
los productores y puede determinar lo que son las verdades científicas
[7].
Cada campo científico es un espacio de juego que incluye a sujetos e
instituciones especializadas en la producción, la difusión y consagración
de conocimientos . En el campo se desenvuelve una lucha entre agentes
e instituciones por el monopolio de la autoridad científica, y no la
búsqueda de la verdad, en forma desinteresada, como lo afirma el
paradigma positivista de la ciencia. La autoridad científica es una
categoría que contiene básicamente dos dimensiones. Por un lado se la
entiende como capacidad técnica, como dominio de saberes y como
saber hacer; por el otro, un poder social. La autoridad es, entonces,
una capacidad de hablar y de actuar legítimamente, es decir, de manera
autorizada y con autoridad, en materia de ciencia, que se le reconoce
socialmente a un agente determinado. Esto explica por qué las luchas
que se entablan entre científicos son siempre epistemológicas y políticas
Después
de la primera guerra mundial, los Estados Unidos entraron al debate con
su prestigiado educador John Dewey, quien favoreció el concepto de
Ciencias de la Educación, porque
Pedagogía no era muy aceptada en inglés y los diccionarios en ese idioma hacían sinónimos
educación y
pedagogía.
Según el Doctor Moreno y de los Arcos en “la primera edición de la
Enciclopedia Británica, publicada en 1771, (se) incluye únicamente la
palabra pedagogo, definida como
a tutor or master, to whom is commited the discipline and direction of a scholar.
Aunque modificada, ésta siguió siendo la única mención relacionada con
lo que nos ocupa hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Es
muy reciente, pero muy significativo, que las últimas ediciones de la
Enciclopedia describan con amplitud la voz
Pedagogy”
[9].
Como las tradiciones y metodologías científicas tienen exacta coincidencia con las fronteras nacionales y las ideologías en boga
[10],
después de la segunda guerra mundial y hasta la caída del muro de
Berlín en 1989, los países socialistas de Europa Oriental, incluyendo a
la República Democrática Alemana, no quisieron quedarse atrás y
comenzaron a hablar de
Ciencias Pedagógicas, con la intención
de marcar la diferencia al escribir en su propia notación sobre
problemas similares, al tiempo que subrayaban con la palabra
ciencia antes de
pedagogía
su apego a la tradición positivista del marxismo. Los cubanos,
fuertemente influenciados por la Academia Rusa, hasta la fecha parece
que siguen esta nomenclatura conscientes de su origen y motivaciones.
Las
cosas se complicaron cuando los franceses Mialaret y Debessé
defeccionaron del bando pedagógico en el que habían militado con
bastante éxito, pues Gastón Mialaret había publicado entre otros libros
una
Nouvelle Pédagogie Scientifique y la
Introduction a la Pédagogie, siendo editor con su colega Maurice Debessé del
Traité des Sciences Pédagogiques, todos traducidos prontamente al español
[11]; aparentemente fueron influidos por el libro de Guy Ferry publicado en 1967,
Mort de la Pédagogie, o cuando menos consideraron que era tiempo de explorar otros campos.
En sus tiempos de afinidad con la Pedagogía, Mialaret y Debessé adjetivaban a la Pedagogía como científica
para señalar sus simpatías con los estudiosos anglosajones desde Dewey,
pasando por Russell hasta Huxley, quienes fueron netamente
experimentalistas, en oposición a los pedagogos teóricos como Rousseau.
En 1973 Maurice Debessé publicó su Defi aux Sciences de l´education (Desafío a las Ciencias de la educación) y tres años después su colega Mialaret lo siguió con su pequeño libro Les Sciences de l´education, traducido ese mismo año por Alicia Ramón García para OiKos – Tau.
Para
enfrentar a las Ciencias Pedagógicas de la Europa Oriental, los
franceses, especialmente Mialaret, pronto resolvieron el problema
diciendo que eran un subconjunto de las Ciencias de la Educación, con
lo que de hecho trataban de revivir el viejo imperialismo francés en
esa parte del mundo, pues subordinaban el esquema ruso al francés
[12],
como había ocurrido en sus relaciones culturales desde los tiempos de
Pedro I El Grande, quien impuso el francés como lengua oficial de la
corte zarista
[13].
En
línea con la tendencia de poner el vino viejo en odres nuevos, Guy
Avanzini quien había publicado a principios de los años setenta del
siglo pasado una recopilación muy correcta de lo que sucedía en
Francia, bajo el título Le Pédagogie au 20 Siècle, traducida en España por Narcea en 1977 como La pedagogía en el siglo XX, publicó en 1976 su Introduction aux Sciences de l´education.
Mientras
tanto, los anglosajones habían seguido el camino de la psicología
educativa o la psicología aplicada a la educación, y aprovecharon la
obra de Lev Semionóvich Vigotski, un talentoso psicólogo soviético
reprimido por Stalin en vista de su oposición a la psicología sin
conciencia proclamada oficialmente, que tenía a Pavlovich como dios;
por el contrario, Vigotski, cuya obra se archivó por órdenes de la
policía secreta rusa, defendía la unidad e importancia del lenguaje, la
conducta social y la conciencia en relación con el origen social del
individuo. Vigotski murió el 11 de junio de 1934 en Moscú,
supuestamente de tuberculosis, a la temprana edad de 37 años
[14].
Los
norteamericanos aprovecharon que oficialmente no existía Vigotski para
apropiárselo y continuaron trabajando sus líneas de investigación hasta
los años cincuentas, época en que David Ausubel publicó su famoso libro
de
Psicología Educativa. Desde esas fechas y hasta 1984 en que
aparecieron las obras completas de Vigotski en ruso, muchos creyeron
que este era un autor polaco residente en los Estados Unidos. El Doctor
D.B. Elkonin discípulo suyo, tuvo que hacer una apasionada defensa del
maestro; incluir fragmentos de su obra dentro de sus propios textos
[15]
para darlo a conocer, además de escribir una de las primeras biografías
confiables de este científico. Como podemos observar, la política
obstruía la verdad científica.
Sin embargo, gracias a
los procesos de liberación nacional, descolonización y consolidación de
las nuevas nacionalidades que se dio a partir de la independencia de
los Estados Unidos, además de la fundación de universidades en regiones
no europeas, así como a la creciente globalización, las ideas de los
más grandes sabios viajaron a todas partes del mundo.
Cuando
México empezó su vida como país independiente sólo sabían leer treinta
mil personas de un total de cuatro millones ochocientos mil adultos
[16];
por tanto la demanda de una educación popular figura en todos los
proyectos políticos progresistas de los siglos XIX y XX mexicano.
La educación como responsabilidad de la sociedad en su conjunto y como base
para lograr una sociedad soberana en la que cada ciudadano participe, son parte
fundamental del ideario de José María Morelos y Pavón y otros luchadores por la
Independencia.
La importancia de la educación y la instrucción para la sociedad se fue haciendo
cada vez más evidente, y las fuerzas revolucionarias fueron asumiéndola como
uno de sus objetivos. Bajo la influencia de la Revolución Francesa y de la
Ilustración, dichas fuerzas vieron claramente que la ignorancia del pueblo
favorecía la explotación colonial de España. La libertad política y el avance
económico de la sociedad solamente se podían volver realidad a través de un
sistema educativo para todos [17].
A
fines de la Colonia el Barón Alejandro de Humboldt visitó la entonces
colonia de España y enseñó a sus hijos las grandes riquezas que
contenía en su clásico libro
Ensayo político...: “El vasto
reino de la Nueva España, bien cultivado, produciría por sí sólo todo
lo que el comercio va a buscar en el resto del globo: el azúcar, la
cochinilla, el cacao, el algodón, el café, el trigo, el cáñamo, el
lino, la seda, los aceites y el vino. Proveería de todos los metales,
sin excluir aún el mercurio; sus excelentes maderas de construcción y
la abundancia de hierro y cobre favorecerían los progresos de la
navegación mexicana; bien que el estado de ellas y la falta de
puertos... oponen obstáculos que serían difíciles de vencer”
[18].
El
sabio Humboldt creía que sólo el conocimiento y la ciencia fomentarían
el desarrollo; mostró su amistosa simpatía hacia México asesorando a
empresas europeas deseosas de invertir en el país y ayudando a los
mexicanos de paso por Alemania hasta la fecha de su muerte en 1859.
“Humboldt en esencia...dio a México su carta de naturalización en la
historia occidental”
[19].
El profesor de origen alemán Enrique Laubscher, fundó en 1885 en la Escuela Modelo de Orizaba, una Academia para actualizar a profesores en servicio, mediante un Programa de Ciencias Pedagógicas
en donde se hacía una introducción general a la Pedagogía, se
conceptualizaban sus componentes principales y se exponían los
fundamentos de la enseñanza objetiva. En estas academias se enseñaban
los principios de Kant, Pestalozzi, Fröebel y Herbart a los profesores
mexicanos, quienes luego los aplicarían a la educación de los niños a
su cargo.
El pedagogo suizo de lengua alemana Enrique C.
Rébsamen, empezó sus disertaciones públicas ese mismo año en Veracruz,
a partir de la idea de que nuestro país necesitaba consolidarse
políticamente sobre la base de la unidad intelectual y moral. Escribió
un libro de texto de civismo para uso de sus alumnos, en donde vertió
las ideas nacionalistas generadas por J.G. Fichte
[20]
que se refieren al papel redentor de la educación popular, a la unidad
nacional en torno al lenguaje, el concepto de pueblo originario, la
formación del ciudadano a través de la educación democrática, la unidad
de intereses entre el pueblo y el Estado, la obtención de la ciudadanía
por la educación y el desarrollo de habilidades cognitivas y conativas
entre los ciudadanos.
Dividió a la Pedagogía en:
general, histórica y práctica, y distinguió entre educación e
instrucción, entendiendo a ésta como simple adquisición de
conocimientos, mientras que aquella significa desarrollo gradual y
progresivo de las facultades humanas.
Dentro del exitoso
y omnipresente paradigma pedagógico positivista, brillaron con luz
propia expertos de muy diversas disciplinas que contribuyeron a
desarrollar la pedagogía mexicana; así, el médico Manuel Flores fue el
primer mexicano en usar el nuevo concepto en nuestro país al publicar
su
Tratado elemental de Pedagogía en 1887
[21].
Aunque afirma el Doctor Moreno y de los Arcos que Flores organizó un
curso de Pedagogía en la Escuela Nacional Secundaria de Niñas en 1878,
publicó sus
Elementos de Pedagogía en 1884 y lo transformó en
Tratado... en la fecha enunciada arriba, como una segunda edición
[22].
En
esta obra, el doctor Flores muestra la influencia de Spencer y Stuart
Mill, con cuyo auxilio expone las bases de la enseñanza objetiva basada
en el "realismo pedagógico", el cual debe poner en juego las facultades
del niño, desarrolladas mediante una educación física, moral e
intelectual que substituya los antiguos y bárbaros castigos corporales,
fortaleciendo la voluntad con medios adecuados y buenos fines.
Siguiendo
esta misma tónica, el Doctor Luis E. Ruiz había iniciado cursos de
Pedagogía en la Escuela Nacional Secundaria de Niñas en 1880, siguió
con la misma materia en la Escuela Nacional Preparatoria y fue
contratado después por la Escuela Normal
[23]. Si para Flores la pedagogía era un arte, para Ruiz era necesario que tuviera fundamento científico.
La
pedagogía volvió a aparecer en la Escuela Normal Superior en 1924,
mientras que la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
Nacional conservó el influjo anglosajón del Rector Ezequiel A. Chávez y
mantuvo los estudios de Maestría en Ciencias de la Educación
entre 1935 y 1954. Fue hasta 1956 que el Doctor Francisco Larroyo
convirtió el Departamento de Ciencias de la Educación en Colegio de
Pedagogía, de donde surgió primero el doctorado, luego la maestría y
finalmente la licenciatura.
El Doctor Moreno y de los
Arcos atribuye este cambio a la formación del Doctor Larroyo como
filósofo neokantiano de la Escuela de Marburgo, “profundo conocedor de
la pedagogía alemana, seguidor – en particular – de la
Pedagogía social
de Natorp, contribuyó en gran medida a dar personalidad propia a la
pedagogía en nuestro medio y a perfilar con nitidez la vida y profesión
del pedagogo”
[24], lo que hizo con gran claridad en un libro publicado en 1959
[25].
Aunque
la pedagogía se había anotado un tanto a su favor con la decisión de
Larroyo, no tenía ganada la batalla ni en la UNAM ni en México. El gran
prestigio de Mialaret, Debessé y colegas, así como su producción
intelectual intensa y sostenida, apoyadas por los argumentos de
pluridisciplinariedad y positividad científica entonces en boga,
obligaron a pensar con mayor detenimiento en las Ciencias de la
Educación, de tal modo que fuera de la UNAM se comenzaron a crear
Escuelas y Facultades de Ciencias de la Educación a fines de los
setentas y principios de los ochentas del siglo XX, como sucedió en la
Universidad Autónoma Benito Juárez de Tabasco donde, en un plan
cauteloso y conciliador se creó una Facultad de Pedagogía
y
Ciencias de la Educación. Como hasta la fecha sucede, nadie ha salido
bien librado de un enfrentamiento con la UNAM, por lo que prevalecieron
la prudencia y el pragmatismo, no sólo en el sureste sino en el resto
del país. A la fecha existen unos mil programas de licenciatura
avalados por la Secretaría de Educación Pública, Universidades
Privadas, FIMPES, ANUIES y Universidades Autónomas de los estados,
donde se hacen sinónimos Pedagogía y Ciencias de la Educación, sin
profundizar en los problemas epistemológicos que estas últimas generan.
Así por ejemplo Georges Vigarello critica a las Ciencias de la
Educación por la no especificidad de esta disciplina, que por cierto no
está del todo clara, hasta el punto de no aparecer; parecería que estas
“Ciencias..” se constituyen por su objeto de estudio, sin la creación
de nuevos ámbitos científicos; ¿se trata de crear un oficio y no una
profesión?; ¿se pretende mediante ellas imponer una línea tecnocrática
de consultores profesionales que desconocen la filosofía y desdeñan el
humanismo tradicional en la Pedagogía? Lo menos que se puede decir es
que las Ciencias de la Educación no tienen un campo ni son
epistemológicamente originales
[26].
Sin
embargo, ya iniciado el debate por Mialaret y compañía, las discusiones
por la terminología se desbordaron; se decía que la pedagogía
strictu sensu se refiere
únicamente
a la educación de los niños, que para los hombres adultos debía
hablarse de “Andragogía”, para los ancianos “Gerontogogía”; además, se
sugiere aplicar términos específicos para cada actividad como
educología, educonomía, edumática, curricología o curricultología,
etcétera
[27].
En
el mismo período que analizamos arriba en México (1924 – 2000), muy
enriquecido por la práctica educativa de indígenas, las alfabetización
acelerada de grandes grupos, la educación popular y técnica, la
capacitación para el trabajo y demás, los educadores latinoamericanos
enfrentaban problemas similares y trataban de resolverlos con recursos
propios, generando reflexiones pedagógicas originales muy valiosas,
como Enrique Corona Morfín y la educación rural
[28], Rafael Ramírez y la escuela rural mexicana
[29],
Francisco Gutiérrez con su Pedagogía de la Comunicación, María Torres
con la alfabetización popular, María Teresa Nidelcoff: la formación del
profesor – pueblo; Fernando de Azevedo con su proyecto liberal y Paulo
Freire con su Pedagogía del Oprimido
[30],
por mencionar sólo a los más destacados, quienes sin embargo no
entraban en las definiciones generadas en Europa o Norteamérica por su
origen local tanto de problemas como de soluciones, por lo que a todos
ellos se les englobó en la Teoría de la Educación, metiéndolos en el
mismo saco del constructivismo, personalismo y culturalismo
[31].
El
comunismo cayó con el muro de Berlín y tiene su acta de defunción
oficial en 1989 pero, los intereses nacionales siguen en pie, tanto
como las preferencias de los grupos o camarillas científicas que usan
su terminología para diferenciarse de los demás y tratar de sentar sus
propias tradiciones; debido a esto, las distintas nomenclaturas
continuarán
Ad aeternum. “Esa quimera (de unidad intelectual
internacional) imaginada por el historiador católico alemán Lord Acton,
quien tanto hizo por introducir los métodos de la historiografía
científica alemana en Inglaterra, (es irrealizable). Acton esperaba
dirigir una
Historia Moderna para la Cambridge University
Press, una obra en la cual resultara imposible inferir la nacionalidad
de los colaboradores a partir del método y contenido de sus
artículos... Una historia que será escrita cuando el mar se vuelva
limonada”
[32].
Por
lo anterior concluyo que la ciencia de la Educación es la Pedagogía;
debemos utilizar este concepto con plena conciencia de su antigüedad y
valor teórico, aunque no está de más entender históricamente el uso de
los conceptos similares en otras regiones.
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[1] Profesor Titular “C” T/ C Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ajusco, amarin@upn.mx
[]
2 Emile Durkheim,
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[]
3 Enrique Moreno y de los Arcos, “Los orígenes de la Pedagogía en México”, en
E + A. Enseñanza más aprendizaje.
Revista de la Escuela de Graduados de la Escuela Normal Superior del
Estado de Nuevo León, No. 5, septiembre de 1982, p. 59 – 76.
[]
4 N. Abbagnano y A. Visalberghi,
Historia de la Pedagogía, México, F.C.E., 1995, undécima impresión.
[]
5 Robert K. Merton,
La sociología de la ciencia, Alianza Editorial, Madrid, 1977, p. 357.
[]
6 Pierre Bordieu, “Genèse et structure du champ religieux”, en
Revue Français de Sociologie, XII, 1971, pp. 295 – 334 ; « Le marché des biens symboliques », en
Année Sociologique, 1973, pp. 49 – 126 ; « Le couturier et sa griffe », en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales, 1 (1), janvier 1975, pp. 7 – 36, y
Questions de Sociologie, París, Minuit, 1980.
[]
7 Pierre Bordieu, “Le champ scientifique”, en
Actes de la Recherche en Sciences Sociales, 2eme Anné, No. 2 – 5 , juin 1976, p. 88.
[]
8
Emilio Tenti Fanfani, “El campo de las ciencias de la educación:
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recopilación y presentación,
¿Teoría Pedagógica? Lecturas introductorias, México, UNAM /Coordinación de Humanidades/CESU, 1987, p. 379.
[]
9 Enrique Moreno y de los Arcos, “Los orígenes de la Pedagogía en México”, en
E + A. Enseñanza más aprendizaje.
Revista de la Escuela de Graduados de la Escuela Normal Superior del
Estado de Nuevo León, No. 5, septiembre de 1982, p. 59 – 76.
[]
10
“Diversos estudios han demostrado que las citas en obras científicas no
se limitan a identificar a los autores de las ideas y las fuentes de
datos. Reflejan los estilos intelectuales de las respectivas
comunidades científicas nacionales, los métodos pedagógicos de los
estudios de posgrado y las preferencias literales de los directores de
revistas profesionales influyentes. A veces remiten no sólo a las
fuentes precisas de los datos presentados por los autores, sino también
a las teorías y a las escuelas teóricas con las que quieren o esperan
que se las identifique:” Anthony Grafton, Los orígenes trágicos de la erudición. Breve tratado sobre la nota al pie de página, México, FCE, 1998, p. 18.
Grafton apoya su afirmación en la obra de B. Cronin,
The Citation Process, London, 1984.
[]
11 Gastón Mialaret,
Nueva Pedagogía Científica,
Prólogo de Maurice Debessé, traducción de A. García Burgos, Barcelona,
Luis Miracle, 1961, 118 págs. Ilus. (Biblioteca Práctica de Psicología
y Psicopatología Infantiles); Gastón Mialaret,
Introducción a la Pedagogía, Barcelona, Vinces – Vives, 1971, 186 págs.; Maurice Debessé y Gastón Mialaret (Editores),
Tratado de Ciencias Pedagógicas, 6 vols., traducción de Prudenci Comes, Barcelona, Oikos – Tau, 1972.
[]
12 Orlando Valera Alfonso,
El debate teórico en torno a la Pedagogía, Bogotá, Editorial Magisterio, p. 74.
[]
13
Los rusos y alemanes orientales por supuesto que permanecieron
inmutables ante el atrevimiento del viejo profesor francés y
continuaron hasta el fin con su nomenclatura.
[]
14
D.B. Elkonin, “Esbozo de la obra científica de Lev Semionóvich
Vigotski”;Ramón Ferreiro Gravie, “Lev Semionóvich Vigotski, Mozart de
la Psicología”; Fernando González Rey, “L.S. Vigotski: presencia y
continuidad de su pensamiento”, en
Revista Psicología,
publicación bimestral, marzo – abril 2003, Director General Gabriel
Barrera T.; Editora Profesora Leticia América Becerril Juárez, Lago
Ontario 55, Colonia Tacuba, C.P. 11410, México 17, D.F. Telefax: 5399
6334.
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15 D.B. Elkonin, Soovranie Zachinieniye, Moskva, Izdatelvo Nauka, 1984.
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16 Patricia Ehrlich Quintero,
Estado Nacional y educación en México, en
Revista Reencuentro, análisis de problemas universitarios, Serie Cuadernos, http//cueyatl.uam.mx/-cuaree/ septiembre 2001.ISSN 0188-168X
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17 Patricia Ehrlich Quintero, Op. Cit.
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18 Alejandro de Humboldt en Enrique Krauze,
Mexicanos eminentes, México, Tusquets, septiembre del 2000, p. 382.
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19 Enrique Krauze,
Mexicanos eminentes, México, Tusquets, septiembre del 2000, p. 385.
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20 J.G. Fichte,
Discursos a la nación alemana, Biblioteca de los grandes pensadores, Barcelona, Tecnos, 2002.
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21 Reimpreso por la UNAM en México, 1984.
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22 Enrique Moreno y de los Arcos, “Los orígenes de la Pedagogía en México”, en
E + A. Enseñanza más aprendizaje.
Revista de la Escuela de Graduados de la Escuela Normal Superior del
Estado de Nuevo León, No. 5, septiembre de 1982, p. 59 – 76.
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23 Enrique Moreno y de los Arcos, “Los orígenes de la Pedagogía en México”, en
E + A. Enseñanza más aprendizaje.
Revista de la Escuela de Graduados de la Escuela Normal Superior del
Estado de Nuevo León, No. 5, septiembre de 1982, p. 59 – 76.
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24 Enrique Moreno y de los Arcos, Op. Cit., p. 76.
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25 Francisco Larroyo,
Pedagogía de la enseñanza superior, México, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 1959.
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26 Georges Vigarello, “¿Una especificidad teórica para las Ciencias de
la Educación?”, en Alicia de Alba recopilación y presentación, ¿Teoría Pedagógica? Lecturas introductorias, México, UNAM /Coordinación de Humanidades/CESU, 1987, p. 392 – 395. Enrique Moreno y de Los Arcos, Pedagogía y Ciencias de la Educación, México, Colegio de Pedagogos de México, 1990.[]
as
ideas en este texto son el origen de dos circunstancias que se hermanan
desde su concepción: el gusto por la lectura de Paulo Freire y el
trabajo de un grupo de investigadores en comunicación y educación.
Estas circunstancias conjugan el ser y hacer de la docencia en
comunicación y toman forma en el campo de la Comunicación Educativa en
el Aula (C.E.A.). El enfoque de cada uno de los investigadores ha
resultado en la diversidad de caminos para enriquecer a la CEA.
Actualmente, una de esas direcciones toma camino hacia Brasil, en donde
encontró a uno de los principales teóricos de la educación en América
Latina y el mundo: Paulo Freire.
¿Por qué Paulo Freire?
Porque
Freire pensó y buscó la realidad como el camino que traspasó y
transformó las fronteras de la concepción del mismo ser humano y del
mundo (su historia y su cultura), entre la teoría y la práctica, entre
el texto y el contexto, entre el educador y el educando. Porque la
propuesta de Freire fue, es y será pedagógica: "ayudar al hombre a ser
hombre"; pedagogía que basó en la evolución de conceptos como sociedad,
educación y diálogo (comunicación).
Paulo Freire se ocupó de
los hombres y mujeres "no letrados", de aquellos llamados "los
desarrapados del mundo", de aquellos que no podían construirse un mundo
de signos escritos y abrirse otros mundos, entre ellos, el mundo del
conocimiento (sistematizado) y el mundo de la conciencia (crítica).
Porque para Freire el conocimiento no se transmite, se "está
construyendo": el acto educativo no consiste en una transmisión de
conocimientos, es el goce de la construcción de un mundo común.
Un
mundo actual donde el desarrollo tecnológico es el hilo conductor de
los grupos sociales y ocupa, cada vez más, espacios estratégicos y
determinantes en la formación de las sociedades actuales.
Para
Freire la relación entre comunicación, educación y sociedad humana es
de total implicación. En realidad no existe ser humano fuera de la
sociedad y ésta no puede existir sin algún modo de educación. Más aún,
la "forma" de la educación se relaciona directamente con la "forma" de
la sociedad.
Cuando se habla de una sociedad crítica, abierta,
plástica; entonces se habla de una educación de igual magnitud en el
proceso enseñanza-aprendizaje. Y esta enseñanza, parte de la educación,
exige la competencia del diálogo (comunicación), ya que sin éste no
puede darse la primera, por lo tanto, estas dos áreas se conforman como
una constante y han tomado expresión a lo largo de la historia en
lenguajes como la danza, el teatro y los cantos, entre otros. Así
mismo, con el avance tecnológico de cada grupo social, se piensa en la
pintura, la escultura, la escritura en papiro, en piedras, en cerámica
y, posteriormente, la fotografía, el cine, la cartografía, la radio, la
televisión, las computadoras (INTERNET), etc.
Bajo esta visión,
se habla de una sociedad de la información, en la cual el individuo
como usuario de algún tipo de tecnología puede "conectarse" al mundo,
satisfaciendo una necesidad básica: comunicarse. Cuando se habla de
comunicación el referente varía desde la relación cara a cara
(interpersonal), hasta el salto vertiginoso del uso de nuevas
tecnologías como pivote fundamental del desarrollo de las (nuevas)
sociedades capitalistas. Sin embargo, estas líneas no responden a estos
referentes, sino que pretende llegar al ámbito de aquellas
características que sustentan, que conforman la relación entre el alma
de la educación y la comunicación. Y, según Paulo Freire, esta relación
deberá ser reflexiva, dialógica, que implique y forme a un ser humano
libre, justo y equitativo.
Paulo Freire se refiere al hombre y
a la mujer como seres biológicos e históricos. La con-dición de
histórico sólo se alcanza cuando el sujeto se da cuenta,
conscientemente, de las relaciones que mantiene con otros sujetos y con
el mundo en que se sitúa(n). Y distingue al ser humano en dos:
- Ser de relaciones y
- Ser de contactos
Las
características del concepto de relaciones humanas connota
primeramente: pluralidad, crítica, trascendencia, temporalidad y
consecuencia.
A su vez, estas características se establecen en
el mundo (lo que origina un ser de contactos) y con el mundo (lo que
origina un ser de relaciones). Estar en el mundo implica una relación
natural-biológica con el entorno, y estar con el mundo implica
relaciones culturales. Freire parte de la idea de que el ser humano es
fundamentalmente un ser de relaciones y no sólo un ser biológico de
contactos, por eso distingue (no separa) entre uno y otro.
El
hombre y la mujer, como seres de relaciones, descubren y conocen su
medio ambiente, se abren a la realidad, resultando lo que se llama
estar con el mundo. Freire hace aquí la primera integración entre el
ser y el mundo (1) .
El Ser de relaciones se caracteriza por la:
*Pluralidad,
que es una alteración del sujeto en la medida en que responde a un
estímulo (desafío), y no a la variedad de estímulos posibles dentro de
la realidad. Es decir, en la pluralidad el sujeto se organiza, elige,
se prueba y actúa. Por tanto, la pluralidad exige un acto crítico.
*Crítica,
como la captación reflexiva de datos objetivos de la realidad y,
consecuentemente, la percepción será crítica entre los lazos de un dato
con otro dato, o un hecho con otro hecho, permitiendo un ejercicio de
reflexión.
*Trascendencia, la cual consiste en adquirir
conciencia de la finitud de sí mismo, del ser inacabado que es. La
trascendencia promueve una unión que es de liberación y un ser libre es
capaz de discernir por qué existe, y no sólo por qué vive, aquí radica
la raíz de su temporalidad.
*Temporalidad, es decir, uno de los
primeros discernimientos en la historia de la cultura humana fue el
tiempo, que implica comprender el ayer, reconocer el hoy y descubrir el
mañana. Cuando el individuo encuentra la raíz de esa temporalidad,
traspasa la unidimensionalidad (2)
; sólo entonces, como ser libre, es capaz de discernir por qué existe
(como proyecto de) y no sólo por qué vive (como ser biológico). El
análisis del tiempo unidimensional sirve para "emerger", liberarse e
impregnar de sentido consecuente las relaciones Ser-mundo.
*Consecuencia, esto es interferir y transformar la realidad con objetivos, dirección, proyección y esperanzas (3).
El
ser humano cuando crea y recrea (transforma) el entorno, hereda
experiencia, la cual se integra como conocimiento útil al grupo social
para responder con pluralidad a los desafíos, objetivándose (4)
a sí mismo (para reconocer órbitas existenciales diferentes, distinguir
un "yo" de un "no yo"), discerniendo y trascendiendo para lanzarse al
dominio de lo que le es exclusivo: la cultura y la historia.
La
integración y/o comunión de los sujetos con el mundo son
características fundamen-tales del Ser de relaciones y se componen de
los siguientes elementos:
- son actividades de la órbita humana
- implican conceptos activos
- resultan de estar en y con el mundo
- resultan de transformar la realidad
-provocan la capacidad de optar (acto crítico)
-reconocen al Ser integrado como sujeto, no como objeto
-reconocen al Ser integrado como ser revolucionario, subversivo
- significan arraigo
La
integración, desde la perspectiva freiriana, da respuestas plurales y
se perfecciona en la medida en que la conciencia se torna crítica, da
sentido a la historia y a la cultura. Este sentido es el camino a la
libertad, la cual transforma al Ser en un sujeto abierto, plástico,
dispuesto a lo nuevo y vislumbra el advenimiento del diálogo. Pero
cuando la libertad es limitada, el sujeto se transforma en un ente de
ajuste, sin perspectivas y, consecuentemente, depone su capacidad
creadora.
El Ser de Contactos
Cuando el ser
humano es reducido únicamente a un "estar en" el mundo, a una pura
permanencia, en donde la captación de la realidad y las relaciones
entre datos y datos, hechos y hechos es sólo un reflejo (doxa),
entonces se habla de un ser de contactos, quien tiene respuestas
unívocas, singulares (no plurales), reflejas y no reflexivas, estas
respuestas (a problemas cotidianos) son culturalmente inconsecuentes.
En
esta esfera, el Ser se limita a vivir minimizado al acto biológico de
estar presente y se caracteriza por la casi total centralización de sus
intereses en torno a formas vegetativas de vida; esto es, sus
preocupaciones se ciñen más a lo que hay en él de vital, biológicamente
hablando, y no en que le falta tenor de vida en el plano histórico.
Este Ser de contactos se caracteriza por la adaptación, el
acomodamiento y/o el ajuste, lo cual se expresa en:
- síntomas de deshumanización
- comportamientos de la esfera animal
- pérdida de la capacidad de optar (crítica)
- sometimiento a prescripciones ajenas
- acomodo, ajuste, ya no se integra
- incapacidad de alterar la realidad
- alteración de sí mismo para adaptarse
- destemporalización
- desarraigo
- masificación, en anonimato: no existe, sólo vive.
Por
ello, Paulo Freire precisó una lucha por la humanización, una lucha
para integrar al sujeto con el mundo constantemente amenazado por los
factores de la opresión y superar aquello que hace del sujeto un
individuo acomodado o ajustado.
El ser humano dinamiza el mundo con
esta lucha a través de actos creativos, recreativos y de toma de
decisiones, esto le permite tener un mayor campo de dominio sobre la
realidad, acrecentándola y humanizándola con algo que él mismo
construye: cultura e historia. Es decir, el sujeto comienza un proceso
de temporalización de espacios geográficos e instaura un juego de
relaciones con los demás seres y con el mundo. Alterar, crear y
responder a los problemas cotidianos permiten dar movimiento a la
sociedad y, por tanto, a la cultura.
Consideraciones en torno del diálogo
El
diálogo, para Freire, es un fenómeno humano y revela la palabra; ésta
como algo más que un medio para que el diálogo se produzca, e impone
buscar su esencia: acción y reflexión, en tal forma solidarios y en
interacción radical. No hay palabra verdadera que no sea unión
inquebrantable entre acción y reflexión.
